No hay placer más inaudito que ser dominado y humillado, rebajado y escarnecido. El amor te rompe por dentro. El amor es una lanza fenicia que desgarra tus intestinos y convierte tus heces en dátiles maduros hervidos en leche. El amor es impuro. No hay belleza ni armonía en el fragor de dos cuerpos que se aman entre sábanas empapadas de sudor y fluidos y, menos aún, en la soledad de un cuarto, donde tu amante dilata monstruosamente tu ano con un pene mecánico. La mecánica se inventó para hallar el punto de encuentro entre el placer y la muerte. Cuando notes que un pene estriado ha traspasado tu esfínter anal, comenzarás a ondularte y tu saliva desbordará tus labios, convertida en burbujas que albergarán gemidos. Cada burbuja encerrará palabras obscenas. Lo obsceno es hermoso. Lo obsceno es la tensión del ser humano por ir más allá del lenguaje.


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